Mucho ojo con tocarla, porque uno empieza vistiéndose de domador de leones para dirigir una orquesta e incluye dos nuevos temas de compositoras para retratar el olvidado papel de la mujer en el mundo de la música y termina convirtiendo el Concierto de Viena en una batucada por los niños de Gaza, con coreografía de esas en las que el violador eres tú. Modificar la tradición para mejorarla es destruirla, porque hay cosas que, pudiendo, no se deben mejorar, o dentro de un tiempo el del oboe llevará una sandía en la solapa, una chapa de Perro Sanxe, y se celebrará en un pabellón de balonmano para que quepa más gente, pues no es justo que puedan ir los ricos japoneses y no los niños de Jan Yunis que traen los de las juventudes de Sortu. Pondrán pancartas contra Ayuso, versionarán el 'Gangnam style', o como Dios quiera que se llame...
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