Ya que se estrena #LaOdisea, hoy toca un #ViernesDeMitologíaGriega temático. Hace un tiempo hablé de cómo todo el mito de La Odisea es un cuento con moraleja sobre tener respeto al mar, con todas las malas faenas que te podían pasar.
Hoy voy a hablar de un personaje icónico y peor tratado: #Circe.
A menudo nos dicen que Homero puso a Circe como la bruja, la mala, cuando en realidad no era así. La misoginia con la que se ha tratado a esta hechicera que convirtió a los hombres de Odiseo en cerdos viene más bien de interpretaciones posteriores (sobre todo de traducciones victorianos) y demás retellings con extra dosis de misoginia.
Pero lo cierto es que La Odisea no la trata de villana, ni de bruja malvada. De hecho, la obra de Homero va de personajes grises, lejos del maniqueísmo que se fuerza a la hora de interpretar #mitologíagriega.
Pero lo que mucha gente olvida es que Circe era una diosa, hija de Helios y de la oceánide Perseis. Y esta divinidad no se reduce a La Odisea: Circe tenía su propio culto en Grecia, aunque poco se ha rescatado de él.
#Homero no utiliza ningún adjetivo despectivo sobre Circe, sino que la describe como una practicante de la pharmakeia, es decir, el conocimiento de pociones (sí, de ahí viene "farmacia") y esto es un arte que ya se practicaba y sin connotaciones feas.
De Circe hay mucha miga, como su papel en La Odisea, la xenia y señores a los que les das la mano y se toman todo el brazo, pero hoy me quiero centrar en un aspecto que no es tan conocido: el de su culto.
En los Epigramas de Homero, él la invoca como una diosa de la magia y de las pociones. En las costas de la Ática se encontró un altar dedicado a Circe. En Italia, tenemos el monte Circeo, que recibe su nombre por la diosa y donde también se erigió un templo dedicado a ella. Cicerón documenta que en la colonia romana de Circeii eran muy devotos a ella.