En Lavapiés copiamos la idea de otro pueblo de la sierra: encierros veganos.
Simplemente hacíamos una pelota gigante (muy gigante) y la tirábamos por calles en cuesta y corriamos delante.
La bola era una pelota enorme de pilates, recubierta de cientos de periódicos reciclados. Pesaba lo suyo.
Era divertido, barato y popular.