A veces, a los institutos, se lleva a artistas amateur de entornos cercanos a que expongan sus obras.
Puede ser el marido de una profe, la mujer pintora del pueblo...
Esto, en general, tiene efectos (muy) contraproducentes.
Fomentar la cultura de calidad un instituto es un ardua labor.
Hay que luchar con prejuicios muy potentes.
Los estudiantes se escudan en ellos para evitarse el esfuerzo de educar su gusto, de crear un hábito de consumo cultural más allá del entretenimiento y el placer.
Entonces les meten en salón de actos y los usan como "público cautivo" para que un adulto artista amateur se realice en su misión de "difundir su obra".
Quien lo programa no suele tener ni puta idea de arte, claro.
Pero también puede ser que, simplemente, minusvalore tanto las capacidades intelectuales de un adolescente que, de verdad, crea que cualquier cosa les vale.
El resultado: un salón de actos de adolescentes confirmando su rechazo visceral de la cultura no-comercial.