Cuando las Big Tech afirman que la IA generativa es «el futuro» no están hablando de progreso, sino del establecimiento de un nuevo orden mundial que normaliza la violación sistemática de los derechos humanos.
La ONU no es una excepción en cuanto a seguir tendencias sin cuestionarlas. La narrativa ambivalente de muchas organizaciones es un síntoma recurrente producido por la epidemia de incoherencia que existe en torno a la IAG.