A raíz del post de @Bettie me ha surgido la necesidad de hablar del tema del aliadismo performativo.
Tener una ideología no te convierte automáticamente en partícipe de ella. Puedes sostenerla en el discurso y, sin embargo, vivir en contradicción con sus principios a través de tus acciones y tu falta de compromiso real. El tema es serio y exige ser conscientes de la responsabilidad que implica esa posición. El pensamiento tiene que estar acompañado por la acción.
Demasiadas veces vemos a hombres declararse aliados del feminismo para obtener beneficios (ya sea reconocimiento, aceptación, prestigio, entre otras coas) pero retroceder en cuanto se les pide verdadera implicación y cambio.
El supuesto feminismo que decían practicar se desvanece cuando ya no les sirve para ligar, para aliviarse de la presión de la masculinidad hegemónica, o para presentarse como los "buenos" de la película. Cuando se les pide que se revisen, que cambien actitudes, que estudien más, que se involucren en las tareas domésticas, que escuchen a las mujeres y tomen en serio sus quejas, es ahí donde se descubre el pastel: ¿son realmente tus ideales, o los tomaste prestados porque te daban ventajas puntuales?
El compromiso exige trabajo, exige transformación y exige estar al pie del cañón. No basta con echar balones fuera, mirar al de al lado y consolarse pensando que al menos yo no soy el como el cabrón que maltrata su mujer. Eso no es suficiente, ni siquiera se acerca a ser suficiente.
El feminismo demanda mucho más, porque esa postura cómoda, “lo suficientemente buena”, en realidad refuerza al patriarcado: mantiene el estancamiento de quienes se conforman con no ser los peores. Un compromiso tan frágil supone un flaco favor para la lucha.