Es una tarta redonda tipo cheesecake, bien gordita y muy casera. La base es cremosa y blanca, y por encima lleva una capa abundante de salsa de frutos rojos, puesta a lo loco, con remolinos y mezcla de colores. Encima hay varios arándanos oscuros repartidos en forma curva. No es fina ni perfecta: es de las que gritan “voy a estar brutalmente rica, prepárate para repetir”.
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