Lloramos por la precariedad de Beltrán Sáenz de la Minglanilla, hijo de un dentista y una funcionaria del grupo A, licenciado en nosequé y máster en nosémás.
Cuando el precario era Manolo Pérez, hijo de un encofrador y una fregona, que se sacó BUP por los pelos, le decíamos que haber estudiao.